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Revista Nueva | El trabajador del futuro


(Revista Nueva - 07/08/11) El mapa de las búsquedas laborales cambia a medida que se modifica la matriz productiva de la economía de un país. ¿Por qué el campo y el turismo serán algunos de los sectores más demandantes? El perfil que exigirán las empresas en las próximas décadas.

La ley del mercado, otra vez, marca tendencia. Aquella teoría que indica que cuanto más escasea un producto, mayor será su cotización bien valdría para el mercado laboral local y global. Este escenario se replica en la Argentina a partir del crecimiento que la economía viene experimentando en los últimos años, lo que abrió una enorme brecha entre las necesidades de profesionales y el “stock” que hay en plaza.

Según la CESSI (la cámara que reúne a las empresas del sector tecnológico), durante el año 2011 podrían egresar, de diferentes universidades e institutos terciarios, unos 5000 profesionales, cuando los propios protagonistas de la industria admiten que se necesitarían 10.000. Para los próximos años, este número se podría duplicar, lo que abriría un campo de mayores posibilidades para los estudiantes. En los Estados Unidos, por ejemplo, para 2012 existirá una brecha de 6 millones de personas entre la oferta y la demanda de trabajadores del conocimiento.

El diagnóstico es unánime al respecto: la radiografía del mercado laboral marca una clara falta de profesionales y de oficios que deberían perfeccionarse, de aquí a diez años, para satisfacer las necesidades. Frente a esto, la alarma se enciende ante la carencia de egresados universitarios preparados para cubrir los puestos que serán los más buscados en los próximos años.

“Se necesitarán profesionales en todas las ramas. Pero, en especial, los relacionados con la mecánica, cuyo déficit todavía no pudo ser cubierto”, analiza Ernesto Kritz, director de la consultora Sociedad de Estudios Laborales (SEL Consultores), y agrega: “El sector agropecuario demandará en todos sus empleados un excelente nivel de educación y habilidades para la informática. El hombre que se suba al tractor ya no será el que se limite a manejar la máquina, sino el que pueda operarla y entender su complejidad”.

Toda una ingeniería

“La Argentina seguirá necesitando profesionales de carreras duras, como Ingeniería Eléctrica, Electromecánica, Civil, Industrial, Agrónoma, así como de tecnología –programadores, licenciados en sistemas y técnicos–”, dice la consultora Agustina Paz.

Hay un evidente cambio de tendencia. Y esto, por lógica, impacta de lleno en qué requieren las empresas en el mercado laboral. “Cuando se habla de la generación de riqueza, esta se está dando en otros ámbitos que no son los tradicionales. Estamos dirigiéndonos hacia un camino diferente del conocido y habitual. Esto sucede en todos los países que tienen un desarrollo muy importante, como China, la India o Brasil”, analiza Alejandro Ferrazuolo, de Sessa Select.

Por eso, José Luis Roces, vicerrector del ITBA, menciona que aquellas carreras que estén “relacionadas” con los sectores de la sociedad serán las protagonistas a mediano plazo. En otras palabras, la demanda estará directamente vinculada al perfil productivo que adopte la economía argentina. Al respecto, Roces señala: “La matriz de oferta profesional en el mercado local está caracterizada por carreras vinculadas a las humanidades, el Derecho y las artes liberales”. Sin embargo, el especialista apunta que el contexto actual demuestra, luego de un largo período de crecimiento del empleo, un desajuste muy manifiesto en las carreras relacionadas con la tecnología –en su sentido más amplio– y las ciencias. “Esta situación se observa en los niveles universitarios, así como en el de los técnicos y los oficios”, subraya.

Queda claro, entonces, que habrá otro mercado laboral nacional frente al futuro inmediato. El cambio en el mapa productivo a escala nacional hará que la Argentina deba “enfrentarse” con la resolución de las deficiencias estructurales que existen en la actualidad; por ejemplo, en el campo de la energía, y la infraestructura vial y urbana. Esto incidirá en el perfil de profesionales que se buscarán. “El crecimiento económico no se tradujo en desarrollo, y eso, tarde o temprano, se revertirá. En los próximos cinco años, seguramente veremos una demanda profesional que acompañe a las inversiones postergadas”, sostiene Roces.

Claudio Ameijeiras, presidente de Theorema y consultor en soluciones de capital humano, es otro de los que apunta al gran déficit del mercado local, aunque aclara que se trata de un fenómeno global: “Tanto en la Argentina como en el mundo, el problema pasa por el tema de los graduados en ciencias duras, en especial aquellos que puedan cubrir las posiciones de IT o de tecnología en general”. El especialista agrega: “Las generaciones nuevas –la “Generación Y”, o sea, aquellas personas que tienen hoy menos de 30 años– buscan inmediatez en sus planes. Pensar en carreras largas y con alto contenido matemático, como Ingeniería, los asusta y los hace migrar a carreras más cortas”.

Por su parte, Sebastián Rago, director asociado de Wall Chase Partners (una de las firmas líderes en reclutamiento de profesionales y ejecutivos de media y alta gerencia), pone la lupa en las áreas de Sistemas –sobre todo, en las de e-Commerce, Aplicaciones y Data Warehouse/Business Intelligence– e Ingeniería. “En este último caso, para trabajar en todas las áreas de un organigrama; no solo en la división de ingeniería, sino también en las divisiones de finanzas, la comercial y la de operaciones”. Andrés Talgham, de Espacio Laboris (un sitio de búsquedas de laborales), anota aquellas vinculadas al “consumo masivo”, desde la producción hasta la distribución y la venta.

Las más buscadas

En consecuencia, surgen algunos interrogantes: ¿Cuáles serán los rubros que tendrán mayores demandas? ¿El campo, la industria, la tecnología, el turismo? Roces opina: “Cuando uno mira lo que se ha hecho en los últimos años en algunas áreas de servicios, como el turismo, resulta difícil imaginarse que siga la tendencia”.

Ferrazuolo, en cambio, le pone sus fichas a este sector: “Creció muchísimo y creo que seguirá creciendo. Falta mucha profesionalización en esta industria. Hay problemas en la logística y el transporte de personas. Pienso que habrá demanda”. En este caso, se reclutarán perfiles o profesionales formados en hotelería, gastronomía, servicios y atención al cliente, y agrega: “Asimismo, serán valiosos quienes se dediquen a generar espacios de confort para las personas. Se incluirán, también, temas de salud asociados al turismo, el alquiler de vehículos y todos aquellos servicios poco desarrollados. Cuanto más crezca el turismo, mayor demanda habrá”.

Este es solo un botón de muestra de cómo el avance de un rubro específico puede impactar de lleno en la búsqueda de determinados profesionales. Y hay más. Por ejemplo, los consultores les apuntan a los servicios de infraestructura como algunos de los “más postergados”. “En especial, el campo de la energía. Otra área que responde a una demanda exógena y global es la de tecnología informática. El mundo de las telecomunicaciones tiene una amplitud insospechada en sus aplicaciones”, amplía Roces.

Vale hacer un alto con el mercado energético, sin duda uno de los más observados por los analistas en recursos humanos. “Representará un verdadero polo de atracción para el mercado laboral. El crecimiento será constante y se convertirá en uno de los grandes escollos que deberán sortear las empresas. Aquellos dedicados a la ingeniería, como los electrónicos, o aquellos involucrados en trabajos en las centrales de generación tendrán mucho trabajo”, sentencia Ferrazuolo.

A la vez, el analista pone su mirada en la biología, a la que también considera otra de las carreras “vedette”. El hecho de que el biodiesel, más allá de su desarrollo incipiente, apunte a transformarse en una fuente de energía alternativa lo convierte en una de las profesiones con mayor potencial. “Es una fuente de energía limpia y donde la industria argentina demostró tener aptitudes. Contamos con los granos, el aceite y el espacio para generar eso. Ser productores de biocombustibles suplirá necesidades energéticas del transporte”, opina Ferrazuolo.

En una perspectiva de largo plazo, la biotecnología en general, enfocada no solo al biocombustible, asoma como una de las profesiones del futuro. Ferrazuolo lo explica así: “Las ciencias que parten de la biotecnología, como lo relacionado con el genoma humano y las ciencias genéticas, tendrán mucha demanda. Hay aplicaciones industriales, a partir de bacterias o reacciones orgánicas, que tienen aplicabilidad en un sinfín de ciencias; en la medicina, en la generación de alimentos o en el procesamiento de petróleo”.

Por ejemplo, uno de los principales costos que deben asumir las petroleras en el proceso del crudo para transformarlo en nafta pasa por la extracción del azufre. “Existen biotecnólogos que desarrollan bacterias que se comen el azufre del petróleo. Es una aplicación súper industrial y técnica donde interviene un elemento biológico. El que pueda manejar este tipo de cuestiones tendrá empleo asegurado”, subraya Ferrazuolo.

“En el mundo, la tendencia apunta a preparar ingenieros expertos en energías renovables, y a carreras relacionadas con el cuidado del medio ambiente, con la nutrición –dado el creciente problema de obesidad y el aumento de personas con enfermedades como la diabetes– y, por supuesto, todo tipo de profesionales relacionados con el desarrollo de nuevas tecnologías”, se suma Paz.

El perfil deseado

Ante la evidente escasez, muchas empresas tuvieron que flexibilizar sus exigencias a la hora de buscar un perfil de profesional determinado para ocupar los puestos vacantes. ¿Cuál sería el ideal requerido en el ámbito privado? Una síntesis de la visión de los analistas sería la siguiente: profesionales digitales, globales, multilingües, interesados en la diversidad cultural, proactivos, con capacidad de adaptación, honestos y con la mirada puesta en el cliente.

“Hay que saber inglés y también portugués; incluso, las lenguas de los países de Oriente, como China”, aclara Ferrazuolo.
Aquí hay un dato que no pasa inadvertido: cuanto mayor sea el comercio bilateral con ese incipiente mercado, mayor será la necesidad de profesionales vinculados a la materia. “Un empresario amigo tuvo que contratar a un asesor bilingüe que era español, ya que no encontraba el perfil que buscaba en la Argentina”, comenta Ferrazuolo. Paz lo confirma: “Es importante que los jóvenes tengan en cuenta que cada vez se busca más especialización en los puestos, y el valor agregado estará dado no solo por estudios de posgrado –en breve, indispensables–, sino por el conocimiento de idiomas”.

En este punto surge un obstáculo inesperado: el rol de las universidades. Roces señala: “En cierta medida, la facultad atrasa con las demandas de cambio en un mundo muy veloz y de grandes incertidumbres”. Paz pone la lupa en la formación de las nuevas generaciones: “Las universidades toman nota de las necesidades del mercado, pero en nuestro país lo difícil es captar a alumnos que quieran hacer el esfuerzo de estudiar las carreras más duras. En el rubro tecnología, el problema es que los chicos se tientan con empleos bien pagos desde sus primeros años de estudio y muchos abandonan sus carreras, ya que no consideran necesario terminarlas. Así se produce un fenómeno de desprofesionalización en el rubro, que, a la larga, nos perjudicará. Hay un intento de algunas universidades de seducir con carreras más cortas o títulos intermedios”.

Ameijeiras finaliza: “Los jóvenes deberán pensar más en el largo plazo y perseverar en el logro de sus objetivos. Pero, lamentablemente, la Generación Y está marcada por hitos de corto plazo y se orientan a carreras más cortas, sin tanto contenido ‘duro’”.

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